LETRAS

AMALGAMAS
(E. Olalla – A. Guyot y E. Olalla)
El café se había volcado
hacía ya unos cuantos años.
Arandelas y tornillos
en las dos mesas de luz.
Me duchaba cada lunes
con el traje ya gastado,
la corbata allí en el cuello
amenazaba con ahorcar.
Y el despertador sonaba
cual sirenas de ambulancias.
Aspirinas se licuaban
en mil copas de dolor.
Ahora solo me dedico
con esmero y con empeño
a la idiota ocupación
de forjarme un corazón.
Sueldo el hierro con estaños
fundo ansias con tabaco
penas , latas , chapas, caños,
amalgamas de ilusión…
Sopla el viento en las esquinas
y va limando las aristas,
y una vieja se persigna
frente a la iglesia espectral.
Un murciélago es la noche
que deambula por las torres,
y en la esquina un pordiosero
augura el gran juicio final.
Y el café se había volcado
hacía ya unos cuantos años,
y la corbata , allí en el cuello
que se muere por ahorcar…

Y el desorden se imponía
en los ratos que no estabas.
Le faltabas ya hacía tiempo
a este pobre corazón…
Le faltabas ya hacía rato
A este pobre corazón…
(Si tuviera yo algún cobre
Pa´ emparcharme corazón…
Si tuviera yo algún fierro
Pa amasijar mi corazón…)
***
CONSPIRACIÓN

(E. Olalla)
Una revelación
Fue una conspiración,
Suerte inestable y una absurda y joven convicción.
Aquí en mi habitación huele a desolación
De infancia pobre y de sueños viejos.
Vago por la ciudad, espectro de arrabal
No hay artificios que maquillen tanta soledad
De nuevo en mi rincón, mis discos y un cajón
Luz amarilla en mi balcón.
Victima de hechizos de olvido
Que al caer el sol la noche sella
Sola, los nudillos apretado, miro a las estrellas.
Noche de tango, fue mi reino de fango
Restos desahuciados de un pasado y esplendor
Sombras y después fin del callejón
Un par de ojos cansados, las hilachas de un amor
Pájaro enlutado es mi voz
Un cielo invernal se cierne sobre mí,
Y en los recuerdos solo habita un lógico estupor.
Si nunca quise más que un piano y un disfraz
Me gustaría averiguar…
Que sabrán de amor, de fe y de engaños
De mi barrio gris y mi condena…
De mis recuerditos empolvados y el reloj de arena…
***
LA ÚLTIMA ESQUINA.

(V. Di Raimondo)
Un relámpago, un ladrido, un viento fuerte,
Desde lejos se escucha un sordo bandoneón.
Una sombra en la pared, alguna de estas noches,
Mi piel sabrá vengarse de tanta indiferencia.
El tiempo es un reloj de plástico chino,
Implacable y barato que nunca se detiene,
Tic tac, tic tac, tic tac y ya es de día,
La verdad es un cuchillo preciso y afilado.
Otra vez me caí, tropecé en el sinfín.
Siempre ha sido así, me hundo en el esplín.
No creo en Dios, no creo en casi nada,
El insólito prodigio de existir hasta agotarse.
Estoy tan rota y sin embargo puedo,
Pegar las partes y encontrar la forma de estar viva.
Tanta tierra junt a asusta un poco,
La montaña es un monstruo quieto y me vigila.
Lo que tenga que ser será y será profundo,
Y será así hasta doblar la última esquina.
***
“Sueña, sueña que no estás aquí, que ya te has ido, que todo ha terminado”
— A. P.
RÉQUIEM PARA P.

(V. Di Raimondo)
Ahora, que el mar oscuro te llama,
Que el viento dice tu nombre,
Te asusta tanto el murmullo.
Escucha, el universo reclama,
Quiere llenarte de olvido,
Quiere llenarte de sombra y de silencio.
El tiempo de amor, las horas del dolor, te arrastran.
Y el final, es de sal en tu boca.
Te lleva, el viento empuja y te lleva,
Te arrastra a un borde impreciso,
Te asusta tanto el silencio.
No llores, tus ojos ya son abismos,
Tus ojos ya han visto todo,
Y las flores se enredan en tu pelo.
Tenías que correr, tenías que escapar, del pasado.
Atravesar el infierno despacio.
El cielo, tu casa, tu gata y las flores,
Los últimos besos, las últimas voces.
Tu padre y las hojas del libro infinito,
Todos tus recuerdos, flotando bruma.
Te vas de los días, te vas de las noches,
Te vas abrumada, se apaga la sed.
***
CANDOMBE DEL NIÑO OSCURITO

(E. Olalla – V. Di Raimondo)
Un niño oscurito, llorando en el suelo,
Lo lleva la yuta, robó unas cositas.
Un niño solito, tentando su suerte,
Lo arrastran un poco, en medio de la gente.
El niño no clama, el niño no ruega,
Sabe que mañana no hay que ir a la escuela.
El niño ni ríe, el niño no sueña,
Al que robó su vida nadie lo encarcela.
Al niño oscurito, no le dan juguetes,
Le dan un revólver, le dan un paquete.
¡Ay precioso niño! Va a cambiar la suerte,
Que el mundo es de todos, no de los que tienen.
¡Ay precioso niño! Maldita tu suerte.
Unos tantas cosas, y otros que revienten.
¡Ay oscuro niño! Maldita tu suerte.
Unos tantas cosas, y otros que revienten.
¡Ay precioso niño! Maldita tu suerte.
Unos tantas cosas, y otros que revienten.
***
JARDÍN DEL DESIERTO

(E. Olalla – A. Guyot y E. Olalla)
Vi como la luna se clavo en mil flechas de oro,
y en las llamas de aquel fuego parecía un corazón.
Vi como caían hasta el fondo del abismo,
mis palabras y las tuyas las palabras del amor.
Y hasta el fuego de ese infierno, resbalábamos los dos…
Fuego, frío, viento, arena y silencio.
Llevo penas en mi corazón.
Río seco, ¿en dónde hundiré estas penas?
El jazmín del desierto es la flor del desconsuelo.
Vi como la bruma se enredaba en tus pestañas,
y mi inmensa cobardía, me impidió decirte adiós.
Vi sombras moverse, y tu silueta en la montaña.
Fui feliz por un instante, luego me entregue al dolor
Sueños que parecen nubes, y eran humo, nada mas…
Nubes, grises, viento, arena y silencio.
Llevo penas en mi corazón.
Río seco… ¿dónde lavar mis heridas?
Jazmín del desierto, y la flor del desconsuelo.
El Tiempo, gira, vuela, y con el viento se escapa
Piedras grises en el corazón
Ríos secos, ¿dónde lavar mis heridas?
Jardín del desierto y la flor del desconsuelo.
Vuela lejos hoy que te nombra el silencio
llevo penas en mi corazón.
Ríos secos ¿dónde ahogar estas quejas?
Jardín de desierto y la flor del desconsuelo
***
“Cuídate de mí amor mío, cuídate de la silenciosa en el desierto, de la viajera con el vaso vacío y de la sombra de su sombra”
— A. P.
LA VIAJERA

(V. Di Raimondo)
Pasajera de un sueño extraño, se aleja y no puede volver.
Los pájaros quieren llevarla, el viento la quiere traer.
Presa de un remoto fulgor, navega hacia la tempestad.
Las noches del humo, el amargo licor, el néctar de la soledad.
La viajera se ha dormido, en su barco de dolor.
Pálida sirena triste, perfumada de alcanfor.
Sueña con un reino oscuro, con un bosque silencioso.
Y arremete contra el tiempo, segada por el terror.
¿Desesperada y sola a dónde vas?
Donde siempre es de noche, y la luna se rompe,
Triste y abandonada… yo sé a dónde vas.
***
MILONGA DEL BORDE

(V. Di Raimondo)
Milonga en la noche, en la nada, en el filo, en la furia.
Milonga de noches de frío de cielos sin luna.
Milonga de hambre, de rabia, de hastío y locura.
Milonga, de tajo y cuchillo del borde de la ciudad.
Milonga en la esquina dos tipos se juegan la vida.
Milonga de insomnio, de alarde, coraje y bravura.
Milonga enredada en la trama de tristes hazañas.
Milonga de tajo y cuchillo del borde de la ciudad.
Vengo del borde y del olvido,
Cuando me bautizaron no vino dios.
Ando saltando charcos, mordiendo el barro,
Pero igual me sobra fuerza para seguir.
Milonga en el borde se agita un rumor de esperanza.
Milonga en el borde del mundo se enciende el mañana.
Milonga en el barrio los pibes calientan los parches.
Milonga rugen los tambores del borde de la ciudad.
Vengo del borde de las cosas,
De una galaxia de arrabal,
Siempre pateando duro, buscando el mango.
Pero igual me sobra empeño para seguir.
Milonga de los arrabales, mezclados con la ciudad.
Milonga del que no tiene, más tiempo para esperar.
Milonga de los olvidados, cansados de rebotar,
Contra el borde de la nada, siempre al filo, siempre atrás.
***
VIEJO BAR

(E. Olalla – A. Guyot y E. Olalla)
Sumergirse en el profundo mar de los bolsillos
de un abrigo ya tan viejo, de un piloto, de un gabán.
Siempre hurgando en la esperanza o tal vez en la certeza,
de pescar tan solo, siquiera, una migaja del vil metal .
El que espera malgastarse en una mala apuesta
en un maldito puerto, en la estación final.
Si las monedas ruedan, ruedan los billetes
y las sonrisas muestran algún diente de metal.
Eso quizás sea la fortuna
algún botín de antaño, algún billete roto,
y el resto de una suma, ya cansada de esperar.
Y si las miradas bailan en los ojos vidriosos y te dan la bienvenida,
llegaste al viejo bar.
Y las botellas que brindan rodando por los pisos,
y a los hombres y los náufragos del altamar,
los hiere inexorable el filo de la parca y sin embargo no paran de cantar.
Eso quizás sea la fortuna
algún botín de antaño, algún billete roto,
y el resto de una suma, ya cansada de esperar.
Y si las miradas bailan en los ojos vidriosos y te dan la bienvenida,
llegaste al viejo bar.

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